Agni Yoga

J. Krishnamurti

Jiddu Krishnamurti nació en 1895 en Madanapalle, un poblado del sur de la India, y murió en Ojai (USA) el 17 de febrero de 1986. No fue gurú ni líder de ninguna organización religiosa, pues según sus propias palabras: "Quien sigue a aquel que se erige en autoridad, jamás aprende". Por eso, todo cuanto dijo a lo largo de sesenta años de pláticas ininterrumpidas -en Europa, Asia y América- no constituye un cuerpo doctrinario que intente atraer adeptos o proporcionar fáciles consuelos: "Uno puede señalar, pero es usted quien debe mirar".

No es suficiente leer los numerosos libros que, en todos los idiomas y a partir de originales ingleses, recogen tanto sus propios escritos como su palabra ante auditorios heterogéneos e, incluso, los profundos diálogos con figuras de la talla de David Bohm. También es pueril buscar en los videos, que muestran la imagen de los últimos tiempos y registran su pausada voz, una suerte de atracción magnética capaz de ejercer influencia por sí misma. Krishnamurti es un movilizador, no un lazarillo en el cual apoyarnos.

Qué hitos significativos hubo en la vida de un ser tan singular? El primero de ellos corresponde al hecho de que, en un lapso de veinte años, Annie Besant (presidenta de la Sociedad Teosófica) y su coloborador más cercano, el clarividente Charles Leadbeater (quien había advertido en el niño Krishnamurti un aura absolutamente radiante), se ocuparon de completar su educación con tutores privados, quienes, al impartirle enseñanza en inglés, relegaron al olvido la nativa lengua telegu. También durante esa etapa (en 1911) se creó la Orden de la Estrella de Oriente destinada a nuclear a todos los que esperaban el advenimiento de un Instructor del Mundo... el propio Krishnamurti, según declaró en ese mismo año la doctora Besant.

Tiempo después, dos acontecimientos lo conmueven y transforman. Uno, el que se ha dado en llamar "el proceso" y cuyas extrañas características e interpretaciones varias escapan a los límites de esta semblanza. Otro, la muerte de su muy amado hermano Nityananda.

El 3 de agosto de 1929, al hacerse cargo de la Orden creada para él y cuyo extraordinario respaldo económico le asegura un futuro promisorio, Krishnamurti la disuelve en un acto público de revolucionarias consecuencias. Sus palabras de entonces superan el valor de cualquier comentario: "Yo sostengo que la Verdad es una tierra sin caminos y no es posible acercarse a ella por ningún sendero, por ninguna religión, por ninguna secta...". "Mi único interés es hacer que los hombres sean absoluta e incondicionalmente libres."

Los vocablos comunes que usamos con tanta frecuencia adquieren con él nuevas dimensiones: así se hable del amor como del pensamiento o del observador, de la mente religiosa, la voluntad, el vivir y el morir (que son una sola cosa), el tiempo psicológico, la experiencia, la creación, la inteligencia... porque la mente religiosa no es la que se aferra a una creencia o dogma, ni la meditación es concentración, ni el amor tiene que ver con el emocionalismo, ni la palabra es la cosa real y la experiencia no constituye un factor de liberación.

En 1940 declara que es "en la guerra dentro de ustedes en la que deben interesarse", pues la guerra externa es sólo consecuencia de la codicia, los apegos, los nacionalismos, las brutalidades de todo orden imperantes en el diario accionar. Nos convoca a la responsabilidad individual ("Somos el mundo y el mundo es lo que somos"), a la revolución interior, las otras sólo imponen distintos tipos de dominio, a la concientización y no al mero repetir mensajes.

El ego, dominado por la temporalidad y la voluntad acumulativa, no tiene posibilidad alguna de ver las cosas en sí, morir al pasado y al futuro, escuchar de manera intensa y completa. La tensión egocéntrica impide... unirse al universo.

El Núcleo de su enseñanza

La esencia de las enseñanzas de Krishnamurti queda recogida en la declaración que hizo en 1929 cuando dijo: La verdad es una tierra sin senderos. El hombre no puede acercarse a ella a través de ninguna organización, de ninguna secta, dogma, sacerdote o ritual, ni a través de algún conocimiento filosófico o técnica psicológica. Tiene que encontrarla a través del espejo de las relaciones, a través de los contenidos de su propia mente, de la observación y no a través del análisis intelectual o la disección introspectiva. El hombre ha construido en sí mismo imágenes como una valla de seguridad - religiosas, políticas, personales. Estas se manifiestan en forma de símbolos, ideas, creencias. La carga de estas imágenes domina el pensamiento del hombre, sus relaciones y su vida diaria. Estas imágenes son la causa de nuestros problemas ya que dividen a los hombres. Su pecepción de la vida esta moldeada por conceptos ya establecidos en su mente. El contenido de su consciencia es su entera existencia. Este contenido es común en toda la humanidad. La individualidad es el nombre, la forma, la cultura superficial que él adquiere a través de la tradición y el ambiente. La unicidad del hombre no reside en lo superficial sino en la libertad absoluta del contenido de su consciencia, la cuál es común en todos los seres humanos. Así el no es un individuo.

La libertad no es una reacción; no es una elección. Es la pretensión del hombre creer que por tener elección es libre. La libertad es pura observación sin dirección, sin miedo al castigo, sin recompensas. La libertad existe sin motivo; la libertad no está al final de la evolución del hombre sino que reside en el primer paso de su existencia. Al observar, uno comienza a descubrir la falta de libertad. La libertad se encuentra en una consciencia no escogida en nuestra existencia y actividad diaria. El pensamiento es tiempo. El pensamiento nace de la experiencia y el conocimiento, los cuales son inseparables del tiempo y el pasado. El tiempo es el enemigo psicológico del hombre. Nuestra acción se basa en el conocimiento y por tanto en el tiempo, así el hombre siempre es un esclavo del pasado. El pensamiento es siempre limitado, así que vivimos en constante conflicto y lucha. No hay evolución psicológica.

Cuando el hombre se vuelva consciente del movimiento de sus propios pensamientos, verá la división entre el pensador y el pensamiento, el observador y lo observado, el experimentador y lo experimentado. Descubrirá que esa división es una ilusión. Sólo entonces hay pura observación en la que no existe sombra del pasado ni el tiempo. Este eterno "insight"; trae consigo una profunda y radical mutación en la mente.

La negación total es la esencia de lo positivo. Cuando hay negación de todas esas cosas que el pensamiento ha ocasionado psicológicamente, solo entonces hay amor, que es compasión e inteligencia.



Sitio Web de la Fundación Krishnamurti Hispanoamericana: http://www.fkhispanoamericana.org/